domingo, 8 de diciembre de 2013

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La Guerra franco-holandesa tuvo lugar entre Francia, Münster, Colonia e Inglaterra contra las Provincias Unidas, a la que posteriormente se le unieron España, el Sacro Imperio Romano Germánico y el Elector de Brandeburgo para formar la Cuádruple Alianza. 
La guerra terminó con los Tratados de Nimega (1678), por los que Francia obtuvo el Franco-Condado de España y se convirtió definitivamente en la primera potencia militar, marítima y comercial.


El rey Luis XIV de Francia, molesto por el rechazo holandés a cooperar en la destrucción y la división de Países Bajos españoles y condujo sus ejércitos hacia el interior de la República tomando Utrecht. El ejército francés, tomó rápidamente la mayoría de los Países Bajos. 

Juan de Witt, máximo dirigente de los republicanos, falló al no poder asegurar una paz con Francia y fue derrocado, siendo nombrado estatúder de las Provincias Unidas Guillermo de Orange. Posteriormente, él y su hermano, Cornelis de Witt, fueron asesinados brutalmente por una multitud enojada en La Haya.

Como Francia había prometido a Inglaterra parte de las principales ciudades holandesas, esta no tuvo prisa en conquistarlas, pero exigió a Holanda dieciséis millones de florines y la derogación de los impuestos que gravitaban sobre los vinos franceses, a cambio de una paz por separado. 
Esta vergonzosa demanda intensificó la resistencia holandesa.

El obispo de Münster puso sitio a Groninga, pero falló. Posteriormente se intentó una invasión de Holanda desde el mar, pero el almirante holandés Michiel de Ruyter logró cuatro victorias estratégicas contra la flota inglesa que forzaron a Inglaterra a abandonar la guerra en 1674. 



Ese mismo año, los holandeses se unieron a la marina española para evitar el expansionismo naval francés en el mar Mediterráneo, pero la derrota de su flota coligada en las manos del almirante francés, Duquesne, dieron a Francia las pautas para expandirse como la primera potencia marítima.

La alianza de Holanda con el emperador Leopoldo I, Carlos II de España y Brandemburgo tras la conquista de Maastricht, y además sus intenciones de ensancharse a costa del Sacro Imperio; había forzado ya a Luis XIV a abandonar sus proyectos de conquistar Holanda

Luis XIV había conseguido romper la coalición de sus opositores logrando considerables territorios que fueron reconocidos por los Tratados de Nimega, siendo los más importantes el Franco-Condado y diversas plazas de los Países Bajos españoles. Los holandeses, quienes renunciaron a los impuestos sobre vinos y aguardientes, consiguieron frustrar las ambiciones de los Estuardo y los Borbones.


La guerra marcó el comienzo de la fragmentación y las futuras alianzas del Imperio, entre los estadistas que siguieron firmes al emperador y entre los que abrazaron una nueva alianza con el poderoso Rey Sol. Éste se convirtió en el primero de los soberanos y escarmentó duramente a los enemigos que le habían hecho frente en esta guerra. El inicio de la completa hegemonía francesa como primera potencia marítima y comercial dio comienzo.

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